¿Por qué leer?

¿Por qué leer?, me hago esta pregunta sentada en mi silla blanca frente al escritorio, mientras intento pensar en una respuesta que considere adecuada para quien leerá este ensayo. Me quito los zapatos y coloco los pies descalzos en el suelo, dejarlos descansar desnudos es un gusto que me permito prolongar porque es parte de mi ritual de inspiración. Así que, pasados unos minutos de sentir el piso frío, coloco de nuevo mis zapatos y ajusto las nalgas en la silla, para así dar inicio a la tarea.

Frente a una página en blanco, tan en blanco como está mi mente en este momento, me miro fijo a los ojos en el espejo que me queda en frente y me pregunto en voz alta: Sonia, ¿tú por qué lees?

A lo que respondí:

Yo leo, porque me gustan los libros. Y sé que mi respuesta es simple, pero es que soy de ese tipo de gente que carga libros a todos lados. De ese tipo de gente que un libro algunas veces me pierde y otras me encuentra. Soy de ese tipo de gente que disfrutan del papel y la tinta, pero más que nada, de la genialidad de una buena idea. De ese tipo de gente que disfruta de un libro nuevo, pero que le obsesionan los que tienen marcas de tinta, manchas de vino, de café o de humedad, porque esos te cuentan dos historias. Me gustan tanto los libros, que en casa no tengo biblioteca. A los libros los prefiero libres: de mano en mano, de boca en boca y de corazón en corazón y por eso casi todos mis libros los regalo. No me aferro a ellos en el plano físico, porque una vez leídos, su misión en mi vida ya se ha cumplido y siempre he creído que lo bueno, es aún más bueno cuando es compartido.

Para mí, lo más interesante de los libros es que esconden y reflejan la complejidad de la raza humana, esa dualidad entre lo que soy y lo que puedo ser. Y sus historias se constituyen como portales entre las distintas realidades, porque cada libro es en sí mismo un universo. Y sé que solo me he referido a los libros (que sí, que me gustan mucho y eso ya lo he dejado muy claro) y no a la pregunta que se nos ha planteado, pero debo confesar que lo que más me gusta de los libros es lo que cargan dentro y lo que puedo hacer con ellos.

Cada vez que tengo un libro en mis manos y me sumerjo entre sus páginas, inician los susurros que despiertan mi alma y las letras hacen que el exterior se desvanezca. Y es ese instante, en el que me convierto en testigo de esas vidas que nunca he vivido, visitante de esos lugares que nunca he visitado y observadora de esas experiencias que nunca he sentido; es entonces cuando allí, sumergida en el contenido que se alberga entre las portadas, la magia de leer sucede.

Pero, intentar buscar una sola respuesta a la pregunta de “¿por qué leer?”, es tan complejo y profundo como las historias que albergan los libros entre sus páginas. Me atrevo a decir con toda honestidad que no tengo una justificación válida para explicar por qué alguien más debería leer, así que por eso he preferido representar con palabras mis propias razones.

Leer es magia, magia de la buena. Es ver convertido en arte las historias de la gente, sus misterios, sus batallas, sus amores y sus anhelos. Es ver espacios pequeños convertidos en mundos gigantes. Es viajar en el tiempo y romper todas las reglas lógicas. Es presenciar de primera mano la alquimia que ocurre al transformar lo simple en extraordinario. Y es el papel, ese lugar donde los límites desaparecen y donde puedes ser lo que quieras ser, es, sin lugar a duda, el espacio donde se tejen los sueños de quien lee.

Leer es como bailar a solas, pero en un salón lleno de gente, cada uno en lo suyo, pero todos al son de un mismo ritmo. Leer es también como besar, es un susurro compartido, un acercamiento íntimo de ideas que chocan y se trenzan. Leer es un acto de liberación, liberación de lo cotidiano, del tiempo y del espacio. Es una plegaria al cielo, es pedir un deseo. Leer es un acto de resistencia, resistencia a la uniformidad del pensamiento, al olvido histórico y a las distracciones superfluas. Leer es un acto de meditación activa que se traduce en paz. Leer es tener conversaciones íntimas, pero en silencio, es cuestionar la realidad, el bien, el mal. Leer es descifrar lo tangible, pero también lo invisible. Leer es apostar, es lanzar los dados sin miedo. Pero, sobre todo, leer es un viaje de autodescubrimiento.

En fin, apreciado lector, le pido disculpas por mi ambigüedad. De hecho, no estoy segura si con esto he podido responder a su pregunta. Pero esto que he escrito, responde a la pregunta que yo misma me he hecho frente al espejo: estas, son las razones de por qué yo leo.

Este ensayo forma parte de mi dossier del Máster en Escritura Creativa © 2023

Deja un comentario